viernes, 4 de marzo de 2016

Capítulo 131

[inserte el adjetivo que desee aquí] noches, amigos.

Siento decir que no tengo mucho ánimo para escribir; parece que las puñeteras desgracias me pasan todas juntas. Parece que mi vida es una puta película de mala suerte, o que la puñetera protagonista de un culebrón; porque no hay bien que por mal no venga.

Hace poco os dije que había perdido el abono. Pues aquí traigo otra desgracia, pero peor aún... Me han dado un tirón y me han robado el móvil, ni el bolso, ni la cartera... El puto móvil. Un móvil que aún estoy pagando con mi tarifa y que, por supuesto, Amena no me va a entregar otro así que estoy atada de pies y manos; pagando una tarifa engrosada por un móvil que unos hijos de puta me han robado.
No sabéis la frustración, porque el s5 era nuevo (no llegaba al año), encima la frustración de seguir pagándolo sin que me lo restituyan o me den algo que pueda seguir utilizando, porque la chica de Amena ha sido clara. Encima, tengo unos nervios encima porque he perdido mi música, fotos, contactos, forma de contactar con nadie, sin WhatsApp, sólo con Telegram... Todo por unos hijos de puta que se quieren lucrar con el dinero de gente como yo.
Bueno y cuando he llamado a casa ha sido la polla en vinagre; mi padre diciendo por un lado que es que soy gilipollas y los cacos me lo ven en la cara; que porqué voy con el móvil en el abrigo y no en el bolso. Vamos, que no ha ayudado mucho hasta que se ha calmado. Encima, en la puta caja del móvil, el ISN no se veía, así que no pueden interponer una denuncia por si lo venden y me lo puedan devolver.

No sé qué coño le he hecho al karma pero se está pasando un huevo conmigo.

Fuck you Karma!

Alguien me ha mirado con su ojo tuerto y ha dicho que me tienen que pasar a mí todas las desgracias; el dinero que había ahorrado para las vacaciones (era poco pero era colchón) a un móvil nuevo. Así que más estrés encima por no tener dinero, tengo la espalda hecha un cuadro y duele que rabia.

Además del hecho que mi ex Rubén y yo, hemos dejado de ser amigos. Si a vosotros os shockea, imaginaros a mí que he sido su amiga desde hace cuatro años. O vamos, yo pensaba que éramos amigos. Después de hablar con él ayer por Telegram y decirle que, aunque estuviera soltera, no tendría nada con él porque ha cambiado mucho ha hecho una de: pues me las piro vampiro. Pero no es sólo se las pire, no. Es que dejó claro que no quería nada conmigo si no tenía la esperanza de que algún día estaríamos juntos.
Así que, después de muchos altibajos, de que le haya tenido que buscar royos de una noche, haber pasado lo que hemos pasado, sentir que alguien me apoyaba incondicionalmente; me encuentro con que es un puto buitre.

Forma gráfica de Rubén, cambiad chica por Lara

Por consiguiente, me siento como un pedazo de carne expuesto. No sólo eso, sino que me siento fatal por haberme sentido mal o haber pensado que me aprovechaba de él por contarle mis penurias. Ya no sólo eso, sino que otro de mis ex, Álvaro, nos veía como la pareja perfecta e incluso nos quiso celestinear; me siento como si me hubieran estafado porque yo siempre he querido lo mejor para él y que pasase página, que es lo que realmente necesita; y me encuentro que cuando pido solamente amistad, que es tranquilamente lo que teníamos pero con la oportunidad de intentarlo si los dos nos viéramos solteros, cosa que le quité ayer porque no me gustó una cosa que hizo.

Así que, como podéis comprobar, lo que es mi vida es peor que ‘Una serie de catastróficas desdichas’, todas puestas a fila de a uno.

También me estaba planteando subir más entradas al blog (ahora sin móvil no puedo) pero si consigo un móvil pasable, intentaré hacerlo porque tengo muchas cosas de las que hablar pero que me salen solamente mientras estoy fuera de casa o me pasan cosas que me hacen pensarlo. ¿Qué pensáis?

Agur.

martes, 1 de marzo de 2016

Capítulo 130

Buenas noches, amigos.

El jueves no escribí nada, lo sé; pero juro que no fue mi culpa. Pillé la gripe.

El jueves, después del hospital, iba tiritando de frío hasta la parada del bus; normal que tiritase en ese momento ya que la temperatura era bastante baja pero no bajo cero. No penséis que hacía un frío polar. Lo extraño fue cuando subí al bus y no dejé de tiritar, con la calefacción a casi 20 grados lo llevaba el conductor. El camino a mi casa un enorme suplicio, sin dejar de quejarme y temblar; la gente me mirase como si fuera una drogadicta con mono.
Por fin llego a casa, le suplico a mi abuela que me haga leche caliente con miel y me pongo el termómetro. ¡Tenía 39º de fiebre! Ya comprendéis porque no escribí. ¡Imaginaros la entrada tan estrambótica que hubiese escrito si hubiese tenido alguna gana de escribir algo!
Sin embargo, me tomé mi leche con miel junto con un antigripal y a la cama que me metí, bajo mis sábanas de franela, que se suponen que calientan, pero yo seguía temblando de puro frío. Una noche fatal, despertándome a unas horas raras, sin descansar.

Al abrir los ojos el viernes, no es fuese mucho mejor, la temperatura me había bajado, claro; pero seguía teniendo bastante fiebre, así que nada de ir al hospital; avisé a la madre de David y me volví a dormir. A mediodía, mi madre me despertó para comer pero yo no quería nada. Así que me tomé el antigripal y media vuelta en la cama; a soñar cosas extrañas.
Y así fue todo mi fin de semana.



El lunes no ha sido tan malo como esperaba que fuese.
La yaya no se ha portado tan fatalmente, aunque sigue teniendo ciertos arranques de niña pequeña y caprichosa, pero al menos me ha dejado leer, que ya es un avance. También he intentado que andase un poco con el andador pero prácticamente no tenía fuerza ni ganas así que...

Pero hoy no me apetece hablar sobre el hospital, sino sobre cosas que he sentido hoy.

Antes de llegar a las puertas grandes de entrada a éste, hay varios prados cercados y en ellos hay caballos. Suelo llevarles pan que sobra en mi casa, pan duro de toda la semana (si queréis ayudar aportando vuestro propio pan duro y sois de Madrid, podéis traerme las bolsas con el pan a Moncloa), y casi ningún día consigo dar de comer a ninguno ya que no se acercan a las vallas, pero silbando una canción que estaba escuchando, he conseguido atraer a uno que ha estado comiendo de mi mano. Sé que parece una gilipollez sin embargo me he sentido maravillosa, tocando y acariciando al animal mientras el ronchaba el pan; he sentido una especie de conexión que no me pasa nada más que con los animales.



Entonces me he puesto a pensar en si tuviera dinero, poder montar un hogar para animales abandonados; animales de todos los tipos, tamaños, colores... Todos serían bienvenidos y educados. Mientras echaba a andar, me he imaginado en una casita de piedra, las típicas de los pueblos, con hectáreas a mi alrededor para que nadie pudiese construir; detrás de la casa, o al lado, un pequeño huerto para cultivar hortalizas; y más allá unas caballerizas, casas para perros y otros animales. Por supuesto, no serían jaulas, serían sencillamente casas como las que hay en los jardines de los chalés para tener al perro.
Un montón de sueños para los que no tengo accesibilidad ninguna.

Pero, lo mejor, ha llegado cuando he salido. En las zonas de los prados que os digo, no hay luz y se podía ver un cielo totalmente estrellado y, de pronto, he deseado vivir en un lugar así, donde se puedan ver las estrellas sin problemas.


Ahora tengo una pregunta para vosotros, los lectores de este blog, ¿nunca habéis sentido que ésta no es vuestra época? Y lo explico.
Porque yo, mirando todo lo que explico anteriormente, siento que quisiera volver a una época mejor, donde el ser humano no estaba tan avanzado ni tan alienado en toda su tecnología. En una época donde podías cabalgar mientras las estrellas te acompañaban en tu camino, sin más luz que la da la luna; a veces pienso que la humanidad se está echando a perder con tanta tecnología, tanto avance. Sé que suena raro de alguien que tiene un blog, que escribe para la gente allende los mares de la información; pero pienso que nos gusta tanto los libros y demás productos de fantasía no sólo por las aventuras, sino porque, de alguna manera, los personajes están más unidos a la naturaleza que nosotros.
Quiero pensar que hay algún internauta que piensa lo mismo que yo, o parecido. Que sienta que podría meterse en un libro (o varios) de fantasía y no querer volver a salir de ahí.

Espero que para mañana tenga algún tipo de respuesta.

Agur.

miércoles, 24 de febrero de 2016

Capítulo 129

Buenas noches, amigos.

Sé que he estado desde el jueves sin escribir pero es que tampoco tenía mucho que escribir, además de que los findes son enteramente para David y tampoco quiero llenar esto de ñoñeces y cosas así porque no es plan. No me gusta humear a los enamorados pasivos (también llamados a los que no tienen pareja(algún día tendré que hacer una entrada sobre eso)).
Así que voy a resumir mi finde en nada y a ver qué os parece.

El viernes, por no tener abono, no fui al hospital; me fui a Plaza de Castilla a recuperar mi abono y a pagar por el mes entero ya que, si miráis la web del consorcio, se supone que tardan 5 días darte el abono con todo saldo que llevabas. En fin, que fui y la mujer que estaba allí me comentó que eso pasaba si ellos no eran capaces de encontrar mi saldo; así que sólo pague 6 euros, porque sí que encontraron mi saldo a la primera y me pude ir.
Ya eran las seis menos algo cuando lo tuve y le dije a David que no sabía qué hacer para matar el tiempo así que me dijo que fuera para allá; por supuesto que fui y estuvimos allí con la abuela, mientras mi novio no hacía más que resoplar porque quería irse cuando yo he ido más veces a estar el día completo con ella. ¬¬
Mis padres se habían ido antes de ir yo al intercambiador y no quería dejar a mi abuela sola, así que le dije de cenar rápido y marcharme para no irme muy tarde. Finalmente acabé llegando a las doce y tantas. ¡Aplaudidme, en la cara!

El sábado me levanté y comimos cachelos, cosa que no puede hacer mi abuela mientras están mis padres en casa. Los cachelos, para quienes no lo sepáis, son patatas cocidas con panceta. Comida sana de abuela. xD
Después, quedé con David para ir a FNAC a comprar una edición especial que se me había antojado de ‘El Señor de los Anillos’ y la cual me ha costado una pasta; cosa que en parte no me gusta porque querría ahorrar lo máximo posible. Allí encontré unas cosas que sé que a Mari le van a encantar como regalo de Reyes y de su cumple de este año; ya que ella siempre me regala algo por Navidades y yo, por falta de dinero, nunca he podido comprarle nada. Así que en cuanto pueda se los daré. Seguro que le gustan. *W*
También vi un libro para David y quería regalárselo de buena voluntad pero, cuando me dijo que no y que teníamos que pagar para irnos a una entrevista de MetalCry, pues me mosqueé porque quería mirar unos mangas que siempre he querido comprármelos y no podía subir de nuevo; así que cogió el libro que le pensaba regalar y me suelta: “Venga, va, regalámelo”.
¿PERDONA?


Lo hacía porque me apetecía y quería regalarte algo porque él siempre me regala cosas y yo no puedo permitírmelo por falta de dinero. En fin, que acabé cargando con mi pesado pack de ESDLA, Zero, los regalos de Mari y el libro para David, el labio torcido y yendo a la cosa esa de su página web. Yo me quedé fuera fumando (niños, no sigáis mi ejemplo. Fumar caca, a menos que seas una estrella del rock) y hablando con un colega mío.
Se terminó la entrevista y nos pudimos ir a casa, pero resulta que David había planeado ir al cine con su padre y conmigo para ver Deadpool. Finalmente, llegué a mi casa a la 1:30 AM. Así que otro día que me dejé a mi abuela sola. Seguramente penséis que paso mucho de ella a pesar de lo que dije la entrada anterior pero tampoco es que vea mucho a mi chico.

En fin, el domingo fue día de limpiar y ayudar con las tareas. Mi abuela y yo nos pusimos a pasar el aspirador y a limpiar el polvo para cuando vinieran mis progenitores; por supuesto, mi hermana se quedó jugando al LoL y no hizo nada de nada. Después, comimos sopa de verduras casera y tortilla de patata; la mejor tortilla de patata que nadie puede hacer y no es porque sea mi abuela. Jejeje. 
Y como no me apetecía salir de casa porque estaba cansada de limpiar y tal, le dije a David que viniese él, que le había guardado un trozo de tortilla de mi yaya, a lo que vino matado después de una siesta corta porque había ido al hospital esa misma mañana. A él le encantó la tarta y estuvimos viendo Jurassic World en mi móvil, ambos la disfrutamos como dos enanos, le hacía mimos y cosas así ya que había venido.

El lunes, pues fue un día más o menos normal, la abuela no dio la tabarra, al menos no mucho. Así que no tenía nada sobre lo que escribir ayer.

Hoy, ella ha estado más borde e inquieta porque pensaba que no la querían llevar al “Cante”. El “Cante” es una actividad de entretenimiento para los enfermos del hospital, allí van y hacen una especie de karaoke con canciones de su época, esto es a las seis y ella estaba chillando esto a la hora que suelo llegar yo, las cuatro y media. Las auxiliares alteradas porque pensaban que se había hecho daño, creían que se había caído y roto algo... Vamos, que el alivio de cuando llegué y me acompañaron a calmar a la fiera... Ella toda despechada porque no la habían llevado al karaoke mientras que a la compañera sí, cuando esa señora está peor que ella misma y despotricando como una loca.
Y yo:
—No es hasta las seis, abuela.
—Que no, que lo que pasa que esas enfermeras no me quieren llevar. Porque se han llevado a Beni y no a mí.
—Beni tiene que ir a rehabilitación.
—Que no, que la han llevado a cantar.
—Venga, merendamos y vamos a ver si han abierto —no estaba abierto, aviso.
Merienda y repite la operación de: vamos a ver si está abierta la sala.
—No está abierta. Sólo son las cinco y cuarto.
—Seguro que la gente ya está yendo para ir a pillar sitio.
—La gente está terminando de merendar.
—Venga, que me lleves —cansada ya de que se quejase, me la llevo a la sala donde cantan.
—Te he dicho que no estaba abierto.
—Es que siempre igual, estas tipas que siempre llegan tarde —aviso que sólo eran las cinco y veinte de la tarde—: Luego empezamos la actividad tarde porque, claro, abren muy tarde.
—Sólo son las cinco y veinte. Normal que no esté abierto. Ven que te llevo a la salita para que te dé el aire fresco de la montaña a ver si te tranquilizas.
—¡Estoy tranquila! —casi me descojono cuando me suelta eso. Así que le llevo a la sala de estar y le abro una ventana para que entre el fresco del lugar y se relaje. Aun así, pienso que esta mujer es un licántropo o algo, porque siempre tiene calor, da igual estar bajo cero, tiene calor igual.
En fin, que la llevé al karaoke y allí se quedó con más enfermos.

Diversión en el “Cante”
Y así, señores míos, es como ha terminado mi martes. Con abuelas riéndose de las que desafinan o se equivocan con la letra y pastillas.

Agur.

viernes, 19 de febrero de 2016

Capítulo 128

Buenas noches, amigos.

Ayer no subí nada porque no tenía nada que contar y para contar mi día a día, me parecía un poco tonto porque sólo voy al hospital.

Hoy he estado en el hospital con la abuela de mi novio; serían las siete o más cuando me han dado unas náuseas horribles viendo un anuncio del Yatekomo, ya que es lo mismo que he comido hoy junto con patatas fritas. ¡Viva la remezcla!

Así estaban mis papilas gustativas
Bueno, el caso es que he echado hasta la comida de mi primera comunión y seguía teniendo tremendas naúseas y un mareo flipante; además de que me estaba quedando dormida en el sillón cuando por fin la traen la cena y con todas las ganas del mundo de marcharme. Estoy en la parada del bus, llega el bus, entro y ¡no encuentro mi abono!

Por supuesto, el hombre me deja subir para que busque el abono con cuidado y sin alterarme. Y yo, por supuestísimo, me he alterado cuando he mirado en el bolso, el cual he volcado por completo; me he mirado en los bolsillos del abrigo, en los vaqueros y así hasta que me derrumbo, echándome a llorar con un ataque de pánico porque sé que toca llamar a mis padres para que me vengan a recoger.
Le digo a David que avise a su madre de que mañana no podré ir al hospital porque sin abono me sale más caro el viaje que lo que me pagan; claro que mi novio es idiota y me dice: busca bien a ver si lo tienes en el bolso y no te has dado cuenta.
Gracias por lo obvio cuando he sacado todas mis cosas en un puto asiento y no está, gracias por el gran consejo.


El caso es que después de este enorme consejo, llamo a mi madre para que me vayan a buscar; que he tenido suerte que el conductor del bus fuera majo y se hubiera apiadado de mí ante mi ataque, en el que todos los pasajeros se han volcado debido a mis enormes lágrimas y mis movimientos, también debido a los chillidos de: ¡No está! ¡¿Cómo no puede estar?! Esta mañana he pagado con él y recuerdo haber bajado del bus con él. SE ME HA CAÍDO EN EL PUTO HOSPITAL.



Mi madre me suelta que no me van a ir a buscar porque está muy lejos y no es plan de ir hasta allí, que saque dinero de un cajero y pague el billete de metro.
Entonces, me he cabreado, después he estado pensando que seguramente mis padres me mantengan pero está claro que no me quieren; porque si fuera por mi hermana, habrían ido a Valencia a buscarla, da igual que fueran las diez de la noche o las cinco del a madrugada. Ahora me diréis que es pelusa de mi hermana pequeña, pues no, no lo es. No lo es cuando una de sus amigas confirman que mis padres me tratan como un trapo y a ella como la princesa.
Tras lo cual he estado pensando en qué pasaría si me tirase frente un tren, ¿a quién coño le importaría?


Tras meditarlo mucho, sólo le importaría a mi abuela que es la única que me trata como una persona en esta casa. Encima a ella la tratan peor que a mí y eso sí que me da rabia. Vale que a mí me tengan rabia, que me odien o lo que sea,  pero ¿qué ha hecho mi abuela a nadie? Es una persona alegre, dicharachera que intenta ayudar a mi madre en todo lo que puede, a mi familia en general; y sin embargo la tratan a baquetazos; como si fuera un mueble viejo del que sólo desean desprenderse. Lo cual está provocando en mi abuela una enorme depresión y sólo desea morirse, me da rabia que una persona tan genial y atenta como ella sólo desee irse al otro barrio.
Durante mi viaje en metro he estado pensando que quizá podría irme a vivir con ella a su casa, aunque tengamos que compartir habitación; no me importaría. Estaríamos tan bien ella y yo solas. Sin embargo, con el tema de la muerte he pensado qué pasaría si un día me despertase y me encontrase que ella no respira: de pronto sentí como si me arrancarán un trozo de mi alma, perdiendo aire y ahogándome porque no podía dejar de imaginarme agarrada a mi abuela sin decírselo a nadie, no avisar a nadie. Sólo quedarme abrazada a su cuerpo, esperando a que ella viviera de nuevo.

La verdad es que quisiera llevármela a su casa y estar las dos, incluso adoptar a un perrito y ser felices allí; sin nadie más. Le compraría la comida, lo que ella necesitase; sin necesidad de depender de mis familiares. Ella me ha dicho que le gustaría si tuviese otro cuarto en el que quedarme yo, aunque le he repetido mil veces que no tengo problemas en dormir en su cuarto.

En cuanto al abono, la verdad es que me da absolutamente igual si aparece o no. En sí, me da absolutamente igual todo lo que ocurra a mi alrededor.

Agur.

miércoles, 17 de febrero de 2016

Capítulo 127

Buenas noches, amigos.

Acabo de llegar a casa y estoy que me derrito, en serio. Estoy mazo de cansada después de cinco horas de hospital más dos de buses y metros. Irse a Guadarrama es cansino con ganas. Os lo explico.

Hace un mes, más o menos, la abuela de mi novio David se cayó y desde hace más de un mes lleva hospitalizada por el tema de que le dio un ictus, dejando paralizada la mitad izquierda de su cuerpo. Por lo que mandaron que hiciera rehabilitación para volver a tener movimiento en la zona afectada; el caso es que le han dado un hospital en Guadarrama. Sí, queridos espectadores, en plena sierra madrileña, donde están diciendo que cae mazo de nieve de noche y que hiela; es más, cuando yo salgo del hospital (sobre las 21) y ya hacen un par de grados bajo cero. Así que da igual cuantas capas de ropa te pongas, vas a morir del frío igual.

Sales del hospital y ya te sientes así
La verdad es que ya más o menos tengo cogida la hora al bus así que suelo bajar lo más justa posible porque si no acabaría siendo el muñeco de nieve que quiere Anna. En serio, muchas veces llego a las cuatro y está nevando ligeramente; muchas veces pienso en quedarme a sobar en el hospital porque es horrible salir a las nueve y encontrarte totalmente entumecido, con el moquillo colgando y tiritando. Juro que dan ganas de volver dentro y esperar a que se piren las enfermeras para quedarte durmiendo en la sala de estar.
El puto frío que hace no es normal. Y yo que soy de verano...

En fin, al menos la tarde no ha sido tan pesada porque a la vecina de cama de la abuela la han trasladado a una habitación individual y se ha quedado ella sola de nuevo. De todas formas, es que esa mujer no estaba muy bien de la cabeza; muchas veces estaba sentada en la silla para visitas y se ponía a gritar como una loca llamando a su marido, empezaba a hablar conmigo y no entendía nada de lo que me decía, o incluso a pedirme cosas que no existían.

Ayer me dijo que le diese su zapatilla a su madre (a la madre de la anciana) porque iba a coger un constipado y yo con la zapatilla en la mano con una cara de flipendo enorme.
Otro día me dijo que le diese su crema, pero teniendo tres o cuatro cremas sobre la mesita auxiliar le paso la primera que veo:
—Esa no.
Me señala otra que hay y se la doy.
—Que esta no.
Pongo una cara de circunstancia enorme y le paso otro bote.
—¡Que no!
Arrugo la frente y estoy por pasar de ella cuando me vuelve a llamar, me señala la vaselina para los labios y me dice:
—Es esa la que quiero.
—Esto no es crema, es vaselina.
—No me repliques.
Puse los ojos en blanco y me volví a mi silla a intentar leer el libro con el que estoy ahora.

Tan yo en ese momento
Pero ahora, con su traslado, espero tener que sólo cuidar de la abuela y no tener a nadie más que me pida “pásame las cremas”.

Agur.